Ágora Consultora ECO | ¿Qué hacemos sobre el planeta Tierra?
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¿Qué hacemos sobre el planeta Tierra?

¿Qué hacemos sobre el planeta Tierra?

“Primero fue necesario civilizar al hombre en su relación con el hombre.

                                                       Ahora es necesario civilizar al hombre en su relación con la naturaleza y los animales.”

Victor Hugo

1.     INTRODUCCIÓN

        Esta es mi historia, nuestra historia, la historia de la Tierra. Su primer Acto se inició hace miles de millones de años, cuando una Imagenonda de luz solar impactó contra una partícula de material. La Tierra y los demás planetas de nuestro sistema solar no se formaron de masas gaseosas separadas del Sol (como se creía hasta ahora), sino a causa de que el Sol, en su movimiento en torno al centro de nuestra Galaxia, se habría encontrado con una enorme nube de materia pulverulenta fría, llevándosela a su órbita. En esta materia se habrían formado paulatinamente varios núcleos o aglomeraciones, alrededor de los cuales se habrían ido condensando las partículas gáseo-pulverulentas hasta constituir planetas (Oparin. A, 1923).

La chispa del amor entre el Padre Sol y la Madre Tierra dio a luz a un niño en este esferoide azul verdoso. Ese precioso hijo, llamado vida, ha permanecido en la Tierra desde entonces, multiplicándose en una infinita disposición de magníficas formas. Algunas de ellas todavía nos acompaña pero muchas más se han extinguido y no las conoceremos nunca.

El telón se elevó en el Acto II de esta historia de amor, hace aproximadamente 700 millones de años, cuando ciertos organismos unicelulares [1] decidieron que ya estaban hartos de la vida de solteros. Conscientes de que no podían vivir solos, se dirigieron a sus congéneres y dijeron (en el idioma primigenio en el que hablan las células): “Cariño, necesito tu amor”. Y así se crearon los organismos pluricelulares. [2]

El Acto III se inició hace más de un millón de años, cuando los organismos pluricelulares evolucionaron hasta la entrada en escena de los primeros humanos conscientes, en un escenario de lucha constante por la existencia donde “tendrían mayores probabilidades de supervivencia aquellas especies cuyas estructuras o comportamientos mejorasen su desempeño, y aquellos descendientes suyos que heredasen esa variación” (Caponi. G, 2009). A través de la consciencia, la vida pudo observarse, reflexionar y crear su propio futuro; consiguió experimentar y apreciar el amor y la dicha.

En el Acto IV “el hombre entró sin ruido…” [3] aunque luego evolucionó societariamente en los clanes que unieron sus fuerzas y conformaron en el mundo una serie de naciones-estado. En la actualidad, nos encontramos cerca del cierre de este acto, preguntándonos si la obra termina aquí, igual que las tragedias griegas, que siempre acaban mal.

El rápido crecimiento de la población mundial, la superpoblación planetaria, según Malacalza (2004) estamos ya consumiendo los recursos de casi tres planetas tierra, sumado a  las aspiraciones de todos a un mejor modo de vida están complicando todas las cuestiones ambientales. Cada año la población terrestre aumenta en cien millones de personas, lo cual significa una demanda cada vez mayor de recursos y una presión creciente para que las personas habiten en ambientes con peligros geológicos significativos (Tarbuck-Frederick, 2005). A la vista de este caótico mundo nuestro de disfunción humana y crisis medioambiental, parecemos dirigirnos a un descarrilamiento inevitable. Pero, afortunadamente para todos nosotros los griegos también escribían obras de cinco actos: se trataba de comedias cargadas de risa, dicha, felicidad y amor.

La buena noticia es que la biología y la evolución están de nuestra parte. Todo organismo vivo alberga la necesidad innata de sobrevivir, según afirma Dawkins (1993) “nosotros somos máquinas de supervivencia, pero «nosotros» no implica solamente a las personas, abarca a todos los animales, plantas, bacterias y virus”. Es muy difícil determinar el número total de máquinas de supervivencia sobre la Tierra y hasta el número total de las especies es desconocido. Contrariamente a lo que la ciencia convencional y la religión nos han estado contando, la evolución no es aleatoria, ni predeterminada, sino en realidad una danza inteligente entre el organismo y su entorno. Cuando las condiciones son perfectas –ya sea a causa de crisis o una oportunidad-, algo impredecible sucede para que la biósfera alcance un nuevo “equilibrio puntuado” en un nivel superior de coherencia (Pedroche, 2005).

La historia de la vida humana sobre la Tierra aún no está determinada. La existencia de un Acto V dependerá no solo de la voluntad de los humanos de efectuar cambios en nuestras creencias individuales y colectivas tal cual lo afirma Lovelock (1985), sino también de nuestra capacidad para introducirlos a tiempo.

Durante milenios, nuestros maestros espirituales nos han estado indicando que el camino es el amor. Ahora la ciencia confirma esa antigua sabiduría. Todos y cada uno de nosotros somos las células corporales de un superorganismo gigante en evolución al que llamamos humanidad. Puesto que los humanos gozamos de libre albedrío, podemos elegir entre ascender hacia ese nuevo nivel de desarrollo o, al igual que los dinosaurios [4], quedarnos en el camino.

Somos la respuesta a nuestras propias plegarias.

2.     EL “AVE FÉNIX” Y LA HUMANIDAD

En la actualidad muchas personas se encuentran paralizadas por la evidente problemática ambiental ocasionada por la degradación de la calidad del ambiente y el cambio climático. Sin embargo, esta visión catastrófica [5] nos impide ver la Luz en la oscuridad.

Independientemente de que les demos el nombre de amor o conocimiento, su llama resplandece cada día más. La Luz revela que la civilización se encuentra en un proceso de nacimiento porque la antigua forma de vida se está deshaciendo para dar paso a una nueva.

Este patrón evolutivo me recuerda a un fénix –el ave sagrada de la mitología egipcia [6]-. Al final de su vida, el fénix construye un nido de ramas de especias y hierbas el que posteriormente se prende fuego. Tanto el nido como el ave se queman con intensidad, pero de las cenizas surge un nuevo fénix, más joven, cuyo destino es experimentar el mismo ciclo vital.

La película “El vuelo del fénix” [7], que ofrece un ejemplo de resolución de conflictos, dominio de los desafíos y transformación, propone una versión moderna del mito. La historia comienza cuando un equipo de detectores de hidrocarburos abandona una plataforma petrolífera en el Sáhara. En la carretera, los hombres se encuentran con un extraño que está haciendo dedo y que finalmente se une a ellos para partir en un avión de carga de dos motores. Pero la nave se estrella en mitad del desierto, y tanto la tripulación como los pasajeros quedan varados allí. Mientras tanto, una banda de nómadas asesinos sigue los restos de la carga dispersa y consigue llegar al avión caído.

Como en el mundo real, en esta pequeña comunidad surge una lucha de poder por el control. ¿Quién prevalecerá: el individuo más fuerte o el que controla los recursos? Al final descubrimos que ninguno de los dos. Frente a la gravedad de las disputas internas que amenazan destruir la comunidad y poner en peligro a todos, el grupo se ve obligado a concebir un plan. El extraño que había hecho dedo, que asegura ser diseñador de aviones, presenta lo que parece un plan improbable para construir una nave viable a partir de los restos del aparato estrellado. Sin otra alternativa, la comunidad decide dar una oportunidad a tan estrafalaria idea y, entusiasmados ante esa nueva posibilidad, todos se unen para crear lo imposible. Al verdadero estilo de Hollywood y en el momento preciso, con los nómadas disparando sus armas a la aeronave destartalada, el avión –que hasta entonces no ha sido probado- despega en su viaje inaugural hacia la seguridad.

La historia de una estructura que cae y otra que se alza hasta el cielo es similar a las que se repite una y otra vez en la biósfera. La vida se encuentra en un perpetuo estado de re-creación, es más “los organismos vivos regulan el clima y la química de la atmósfera según sus propios intereses.” (Lovelock, 2007)

  • 3.     UN MUNDO SIN FRONTERAS

Estamos viviendo tiempos difíciles para la humanidad. La locura y la disfunción parecen inevitables. Antes imaginábamos que podíamos escapar a una isla desierta o a un retiro en la montaña para vivir en paz y quietud; pero, ahora, el concepto mismo de “escapar” no tiene sentido. Las fronteras nacionales, por ejemplo, no pudieron contener el escape radiactivo de Chernóbil, ni tampoco es posible que el aire contaminado de China se extienda hacia el resto de Asia [8]. Los vertidos tóxicos industriales vertidos al agua en cualquier punto del planeta llegan a una playa situada en cualquier zona del mapa y la contaminan. (Lovelock. J, 2007)

El aire que respiramos y el agua que bebemos forman parte de un delicado ecosistema interrelacionado. Sin embargo, el sistema actual en el que vivimos –al que podríamos llamar “egosistema” [9], por ejemplo- sencillamente- no se encuentra equipado para hacer frente a estos inconvenientes reales.

Albert Einstein decía que resulta imposible resolver un problema en el mismo nivel en que ha sido creado. Y su afirmación jamás ha resultado tan cierta como hoy en día, cuando los reconocimientos de la realidad nos confirman lo peor. Desde luego, ya no podemos resolver nuestros problemas haciendo exactamente lo que hemos hecho hasta ahora. Contar con más armas no genera paz. Crear más prisiones no reduce la criminalidad. Ofrecer más planes sociales no disminuye la pobreza. Ni tampoco disponer de una cantidad colosal de formación nos hace más sabios.

En lugar de apostar porque nos centremos en las crisis, se nos anima a buscar algún escape a través de adicciones y distracciones colocadas convenientemente frente a nuestros ojos para mantenernos preocupados y pasivos. Pero la realidad continúa interponiéndose. Todo en el mundo parece ir avanzando hacia una crisis inexorable y totalmente fuera de nuestro control.

A comienzos de 2007, el denominado Reloj del Apocalipsis [10] – que es el indicador que el Boletín de Científicos Atómicos ha utilizado para medir el peligro del holocausto nuclear desde que la primera bomba atómica fuera lanzada en 1945 – llegó a 23:55, a solo 5’ de la medianoche. Es lo más cerca del Apocalipsis que ha estado desde 1953, cuando los soviéticos hicieron explotar su primera bomba de hidrógeno.

El último movimiento del marcador del Apocalipsis refleja no solo una mayor amenaza de guerra nuclear, sino también otros peligros para nuestra supervivencia causados por el deterioro de la biosfera, los océanos y el clima, lo que Lord Martin Rees [11], presidente de la Real Sociedad de Londres, ha denominado “amenazas sin enemigos” [12]. En realidad sí que tenemos enemigos, pero se presentan en forma de mentalidades falsas que se perpetúan a sí mismas, y de instituciones obsoletas basadas en dichas formas de pensar [13] (Branch, G. y Scott, E., 2009)

A la vista de las alarmantes noticias que indican que el calentamiento global está llegando y se está instalando, sumadas a la intransigencia de un sistema (institucional, político y religioso, de creencias, etc.) que no quiere cambiar, parece que, cada vez más, el mundo necesita de un milagro.

  • 4.     HORA DE EVOLUCIONAR LA EVOLUCIÓN

¿Por qué las cosas parecen cada vez más caóticas y desconectadas? La respuesta es que las crisis son simplemente síntomas, la manera que tiene la Naturaleza de informarnos que nuestra civilización ha llevado la biósfera al límite y debe ahora plantearse una nueva forma de vida para sustentar nuestra existencia. (Lovelock. J, 2007)

Sabemos que las cosas no pueden seguir así, y nos sentimos frustrados porque al parecer no existe camino que nos conduzca a otro sitio. La salida a esta problemática ambiental no es una senda lineal, y está representada por un nivel superior de conciencia que una masa crítica de la población debería alcanzar, que incluye lo institucional, lo político y fundamentalmente lo socio-cultural. (Meadows, D., 1973)

Esto me lleva a pensar que la cuestión más importante son los sistemas de creencias. Y contamos con dos sistemas opuestos que son como dos dogmas que ladran tan fuertes que ni siquiera nos permiten oírnos pensar. Por un lado están los materialistas científicos que insisten en que llegamos aquí por azar. Por otro lado están los fundamentalistas religiosos, que insisten en que Dios creó el mundo tal como la Biblia lo explica.

Si bien estos puntos de vista son erróneos, al unirlos apuntan –por paradójico que resulte- en la dirección correcta. La ciencia actual afirma que, si bien la Creación no tuvo lugar en siete días, tampoco fue el resultado de una evolución aleatoria. Gracias a la nueva ciencia de las matemáticas fractales [14] somos conscientes de que en la Naturaleza se repiten determinados patrones inteligentes autosimilares, revelando que la evolución de nuestra especie se dirige hacia un futuro esperanzador y positivo.

Cuando la especie humana ha podido contemplar desde el espacio la resplandeciente belleza de su planeta lo ha hecho con un asombro teñido de admiración que es el resultado de la fusión emocional de conocimiento moderno y de creencias ancestrales (Lovelock, 1985). En 1969 las primeras imágenes de la Tierra emitidas desde el espacio ofrecieron una prueba fotográfica de aquello que los videntes espirituales llevan siglos proclamando: el mundo es Uno solo.

Una imagen vale más que mil palabras: la fotografía de la Tierra que apareció el 20 de julio de 1969 [15] fue de un valor incalculable. Grabada en la imaginación de los ciudadanos del mundo no solo quedó la belleza de nuestro precioso planeta verde azulado, sino también su pequeñez y fragilidad. Nuestro planeta solitario flotando en un vasto mar negro del espacio. Tan hermoso y tan frágil. Tan dependiente de tantas personas de todos los países. Tan dependiente de todos y cada uno de nosotros.

  • 5.     CONCLUSIÓN FINAL

Para asegurar nuestro futuro debemos convertirnos en nuestra propia fuente consciente de inspiración y aprender quiénes somos en realidad. Si comprendemos de qué manera nuestras creencias nos limitan y dan forma a nuestra vida y sabemos cómo cambiar esa “programación”, estaremos en condiciones de reescribir nuestro destino como parte del futuro de nuestro planeta Tierra. ®

 “No necesitamos salvar el mundo, sino utilizarlo con más inteligencia.”

Swami Sivananda

Por Maricé Espínola Méndez

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BIBLIOGRAFÍA

–       Tarbuck, E. y Frederick, K. (2005) “Cap. 1” en Ciencias de la Tierra. Una introducción a la Geología Física.

–       Lovelock, J. (1985) “Selección” en GAIA. Una nueva visión de la Vida sobre la Tierra.

–       Luisi, P. (2006) “Caps. 3, 4 y 5” en The Emergence of Life.

–       Nisbet, E. y Sleep, N. (2000) “The Habitat and Nature of Early life” en Science.

–       Oparin, A. (1923) “El Origen de la Vida”.

–       Caponi, G. (2009) «Definitivamente no Estaba Ahí” en Ludus Vitalis.

–       Dawkins, R.(1993) “Caps. 2, 3, 4 y 8” en El gen Egoísta.

–       Pedroche, F. (2009) “La Síntesis Moderna en Biología” en Casa del Tiempo (II):21.

–       Tarbuck, E. (2005) “Selección” en Ciencias de la Tierra.

–       Lovelock, J. (2007). “Caps. 1 y 2”, en La venganza de la Tierra. La teoría de Gaia y el futuro de la Humanidad.

–       Malacalza, L. (2004) “Selección” en Ecología y Ambiente.

–       Branch, G. y Scott, E. (2009) “Estratagemas del creacionismo”, en Investigación y Ciencia.

–       Meadows, D. (1973) “Comentarios”, en Los Limites del Crecimiento.


[1] “Insight into the descent of life has come from molecular palaeontology. The ‘standard model’ of microbial descent is based on small subunit ribosomal RNA. One hypothesis is of an early population of replicating organisms of uncomplicated design, possessing simple modular structures and functions, and mutually exchanging genes — the ‘universal ancestor’ was not one cell but a community sharing information.” (Nisbet, E. y Sleep, N., 2000)

[2] “The first scientist who consciously did chemistry in pursuit of the origin of life was the graduate student Stanley Miller, after he had read and digested the English translation of Oparin’s book.” (Luisi. P, 2006)

[3] “Significa esto que a pesar de su profunda originalidad [del hombre] no hubo ninguna ruptura en lo que algunos antropólogos han denominado el paso a la hominización; en su origen, una rama más entre muchas otras emparentadas, en las que se dividió el grupo de los simios hominoideos. Y desde allí, una serie continua de especies que forman una suerte de hilo conductor que llega hasta nosotros [hasta nuestros días].” (Malacalza, 2004)

[4] “La extinción de los dinosaurios se atribuye generalmente a la incapacidad de este grupo para adaptarse a algún cambio radical de las condiciones ambientales. La hipótesis con mayor respaldo propone que, hace aproximadamente 65 millones de años, nuestro planeta recibió el impacto de un gran meteorito carbonáceo, un vestigio de la formación del Sistema Solar. Durante uno o dos años después del impacto, el polvo en suspensión redujo enormemente la entrada de luz solar a la superficie de la Tierra, lo cual provocó el enfriamiento global («invierno de impacto») e impidió la fotosíntesis, alterando enormemente la producción de alimentos y el ambiente lo que pudo provocar la extinción de los dinosaurios.” (Tarbuck. E, 2005)

[6] http://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%A9nix (Consultado el 20/11/13)

[8] http://350.org/about/blogs/china-excuse (Consultado el 20/11/13)

[9] “Recursos Naturales son aquellos demonios que el hombre encuentra en la naturaleza y que aprovecha o podría aprovechar tanto para sus necesidades básicas como para satisfacer deseos de otro tipo, como la recreación. Entonces son recursos naturales el agua, el aire, el sol, el suelo, la flora, la fauna, los minerales, el petróleo, los paisajes, la energía del viento y otros.” (Malazalza, 2004)

[12] Lord Martin Rees, (2007) “Martin Rees comment on doomsday clock”, The Royal Society Science News. Nota de prensa.

[13] Se trata del debate entre la ciencia materialista y la religión fundamentalista. Rescato una reflexión de Branch, G. y Scott, E. (2009) “El pensamiento crítico, el análisis lógico y el debate abierto y objetivo, ¿no son precisamente los fines que persigue la enseñanza de la ciencia?

[14] http://es.wikipedia.org/wiki/Fractal (Consultado el 25/11/13)

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