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La crisis ambiental como crisis socialmente provocada

La crisis ambiental como crisis socialmente provocada

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“La medida y el medio son la culminación de la naturaleza humana. El estado en el cual aún no se manifiesta la esperanza, ni la ira, ni la tristeza, ni la alegría, se llama el medio. El estado en el cual ellas se manifiestan pero aciertan el ritmo justo se llama la armonía.”
Confucio

El medio ambiente no es ajeno a la especie humana. El hombre vive inmerso en el ambiente y es arte y parte del mismo. Las características físicas, químicas y biológicas del medio que nos rodea ofrecen el marco óptimo para nuestro desarrollo.

Me remito al concepto de “medio ambiente” elaborado por Osvaldo Sunkel en 1980: “el ámbito biofísico natural y sus sucesivas transformaciones, así como el despliegue espacial de las mismas” (Sunkel, 1980). Esta perspectiva permite concebir a la historia ambiental como el resultado de la investigación de los procesos de transformación artificial de “medio biofísico natural” y sus expresiones en el espacio, que resulten de estilos de desarrollo sucesivos en una región dada. (Castro Herrera, G., 2002). La erradicación o alteración de cualquiera de sus elementos o flujos de materia o energía, puede desembocar en una pérdida de la función que venía desarrollando ese ecosistema. La pérdida de los componentes vivos, las especies, tiene una especial trascendencia social y también una importancia económica creciente.

Tal cual concluye Zarrilli (2002) en los estudios sobre la historia humana, todos los saberes, todos los conocimientos sobre el mundo y las cosas, han estado condicionados por el contexto geográfico, ecológico y cultural en que se produce y reproduce una sociedad determinada.

Para entender la situación del medio ambiente nos hemos de trasladar al origen de la vida en la Tierra. La coexistencia de elementos químicos y condiciones climáticas adecuadas, originaron el escenario necesario para que surgieran las primeras formas de vida, en un medio radicalmente distinto al actual, donde la composición de la atmósfera era diferente y la radiación ultravioleta (UV) irradiaba la parte emergida. Los organismos autotróficos favorecieron el cambio de una atmósfera reductora a una oxidante, paso indispensable para la aparición de la capa protectora de ozono y la aparición de organismos aeróbicos. La parte emergida de la biosfera ya podía ser habitada una vez a salvo de la radiación UV, destructora del material genético (DNA). Tras el origen de la vida, hace unos 3.500 millones de años, han ocurrido numerosas catástrofes a nivel planetario, que han cambiado drásticamente las condiciones ambientales. Los periodos de aparición de especies se han combinado con extinciones masivas en un equilibrio natural, donde los procesos ocurren en millones de años. La aparición del Hommo sapiens, fue probablemente hace sólo 200.000 años (AYALA, 1994).

Esta nueva especie ha conjugado dos características clave: la destreza manual y la inteligencia, que le han permitido utilizar energía exosomática (MARGALEF, 1993) para transformar su entorno en beneficio propio. Esta modificación fue beneficiosa para el Hommo sapiens ya que le proporcionó una mayor adaptabilidad. Las fuentes de energía exosomática fueron en primera instancia: el fuego, los animales, el sol, el viento y los saltos de agua. La cantidad de energía utilizada era pequeña y, por ello, los posibles efectos negativos se restringían a una escala local y eran reversibles en el tiempo (SIMMONS, 1989).

Los impactos ambientales no son exclusivos de la época actual. Ya en tiempo del Imperio Romano, hubo problemas de erosión del suelo debido a prácticas agrícolas inadecuadas. En el siglo XIII, en Mongolia, se prohibió la sobreexplotación de diversas especies de animales y árboles. En la Edad Media ya hubo crisis pesqueras en el Cantábrico. En 1306 se prohibió la quema de carbón en Inglaterra debido a la contaminación atmosférica que producía.

Un punto de inflexión en la escala espacial y temporal de los impactos antrópicos sobre el medio aparece con la colonización del continente americano, a partir de la cual los impactos empiezan a adquirir dimensiones continentales. Tan sólo 60 años después del Descubrimiento (1560), ya se ponen en evidencia los efectos negativos de la deforestación masiva llevada a cabo por europeos en la América tropical. De este modo, se inició la globalización del deterioro ambiental, fomentada por el desconocimiento de las condiciones ambientales del Nuevo Mundo, y la visión puramente mercantilista de los colonizadores.

Si el Descubrimiento supuso una ampliación de la escala geográfica de determinados impactos ambientales asociados a la expansión de Occidente, la Revolución Industrial cambió radicalmente la pauta anterior. Se incrementó la severidad de los impactos anteriores y se añadieron nuevos. Este aumento del poder de impacto fue debido a la mayor disponibilidad de energía, en especial la quema de combustibles fósiles.

Los problemas del siglo XXI son parte pre-industriales y otros de muy nueva creación. En el XIX ya aparecen referencias sobre la lluvia ácida (AYALA, 1994), el efecto invernadero y el cambio climático, o la deforestación a gran escala (MARSH, 1874). Las nuevas formas de destrucción del medio aparecen a mediados del siglo XX, como la contaminación química (CARSON, 1962), la destrucción de la capa de ozono y el efecto invernadero por otros gases distintos al CO2.

De aquí entonces, que sea catalogado por quienes sostienen la inminente problemática ambiental, como el problema más importante y urgente de enfrentar por la humanidad en esta etapa de su historia, siendo recurrentes afirmaciones tales como:

La envergadura, el alcance y la naturaleza de los problemas ambientales y de recursos naturales de nuestros días se deben sobre todo al desarrollo socioeconómico sin precedentes que se ha producido a lo largo de nuestro siglo y particularmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El mundo se encuentra en el punto más escarpado de la curva de crecimiento de la historia: en un sólo siglo, la población mundial se ha triplicado (…) de acuerdo con las previsiones, la población se duplicará a lo largo de los próximos 50 años, e incluso en la hipótesis de una mejora muy modesta en el nivel de vida, la actividad económica podría multiplicarse por un factor situado entre cinco y diez, y ésto en todos los sectores clave, en particular los de la energía, el transporte, la industria, la construcción y la agricultura. Esta evolución pone en peligro el potencial económico de las naciones, la salud de sus ciudadanos, su seguridad política interior y, en el caso del calentamiento climático, su existencia misma (Comisión de las Comunidades Europeas, 1992).

El historiador estadounidense Donald Worster (2000) considera tres ejes esenciales de la Historia Ambiental: las consecuencias de las intervenciones humanas en la naturaleza; el carácter histórico de nuestras ideas sobre la naturaleza, que se imbrican de múltiples maneras con intereses, valores y conductas referidos a otros planos de nuestra existencia y desempeñan un importante papel en nuestras relaciones con el mundo natural; y el hecho de que los problemas ambientales de hoy tienen su origen en nuestras intervenciones en los ecosistemas de ayer.

La satisfacción de las necesidades de desarrollo humanas depende de dos factores principales: del componente humano, en especial de la ciencia y la tecnología, y de las condiciones ambientales. A menudo, en los procesos de producción se externalizan una serie de efectos negativos sobre el medio que, a su vez, inciden negativamente en nuestra calidad de vida, ¿por qué seguimos entonces externalizando los costes ambientales? La respuesta no es sencilla, pero en ella se enmarcan aspectos políticos, sociales, económicos, culturales y éticos. Un concepto sociológico interesante aplicado a la gestión sostenible de recursos naturales es el de “propiedad común”, el cual postula que la protección del recurso es mayor cuando existen propietarios perpetuos, y no se considera un bien común de una colectividad impersonal, donde la responsabilidad de la gestión se diluye.

Las principales líneas de trabajo en historia ambiental han sido el estudio de las comunidades cuya evolución o desarrollo histórico está vinculado a la apropiación y explotación de algún recurso natural, la reflexión teórica en perspectiva histórica del problema medioambiental, el análisis de las relaciones extra-materiales que establecen los hombres con su entorno natural, la descripción y análisis de las modificaciones del paisaje, la revisión histórica de los conflictos socioambientales, el estudio de los marcos políticos e institucionales que han permitido procesos degradativos del medio ambiente, etc. (Galafassi y Zarrilli, 2004)

En este contexto, la historia ambiental pone en el centro del debate la inseparable unión entre el ser humano y la naturaleza. Su objetivo es, justamente, restaurar el necesario vínculo que siempre existió entre el ser humano y su medio ambiente. (González de Molina y Martínez Alier, 2001). A continuación se mencionan algunas de las variables humanas que se han identificado como causantes de estos problemas relacionales. Entre ellas:

Población. El impacto humano sobre la naturaleza procede no sólo del crecimiento de la economía de mercado y del gran consumo exosomático de energía y materiales que hacen los ricos, sino también del crecimiento de la especie humana, sin embargo, muy irregular en diversas zonas de la Tierra. (González de Molina y Martínez Alier, 2001).

El número de personas en el planeta no es un problema per se. Más que el número de habitantes, el origen del perjuicio ambiental global es la tasa de consumo (directamente proporcional a la tasa de impacto) por habitante. Esgrimir una ética ambiental para obligar al Tercer Mundo a controlar su tasa de natalidad no es más que falsear la realidad, ya que el deterioro ambiental es proporcional al aumento del consumo en países ricos, no sólo al aumento de población en los países pobres.

Tecnología. La tecnología tiene una naturaleza dual respecto al deterioro ambiental. Por un lado es la responsable del alto poder de transformación de los países ricos, pero también reduce la incidencia ambiental de los procesos productivos dado que podría mejorar los procedimientos extractivos. No obstante, en la mayor parte de casos, el efecto neto ha resultado ser negativo, porque la reducción de impacto debida a la tecnología no contrarresta el aumento de consumo. Empieza ahora una nueva historiografía de la tecnología que incluye sus impactos ambientales (Martinez Alier y otro,J., 1993).

La organización social. Puesto que la vida humana depende enteramente de la disponibilidad de numerosos elementos extraídos de la naturaleza, uno de los aspectos claves de la organización social es  precisamente el modo de apropiación social de los elementos de la biosfera que son esenciales para la supervivencia de la sociedad en su conjunto, y que influye en alto grado en la ubicación de los individuos, grupos y clases dentro de la sociedad. La capacidad de degradación ambiental varía según el modelo de organización social. Donde el medio ambiente forma parte de los valores éticos, religiosos o culturales, el impacto ambiental admitido por la sociedad será mucho menor (Zarrilli, A, 2002). El medio ambiente se resentirá en menor o mayor grado según se prime más el consumo o el ahorro, la rentabilidad a corto plazo frente a la rentabilidad a largo plazo, la globalización de los procesos productivos frente a la autosuficiencia a nivel regional, o la disponibilidad de energía barata como medio para incentivar el consumo frente al ahorro, etc.

La expansión económica que crea externalidades. A veces, estas externalidades son la causa de movimientos sociales: por ejemplo, contra la contaminación acústica producida hoy día por una autopista, o contra los humos de una fundición en cualquier suburbio industrial europeo o norteamericano hace cien años. Las protestas hacen subir los costes de las empresas o de los servicios estatales y de este modo tienen la función de internalizar en cierta medida las externalidades. Pero, a menudo, las externalidades sólo serán perceptibles en un futuro incierto y lejano, y su percepción y valoración sociales no son en absoluto automáticas: el ejemplo más claro es el movimiento antinuclear, dirigido durante veinte años sólo contra sus aspectos militares. Las externalidades que tienen un ámbito global, el agujero de la capa de ozono, el incremento del efecto invernadero, la desaparición de especies no han sido causa de ningún movimiento social espontáneo en contra.

CONCLUSIÓN

                      La biosfera ha modificado a lo largo de 3.500 millones de años las condiciones iniciales de la Tierra. En la actualidad, el hombre parece empeñado en obviar la variable ambiental, produciendo serios cambios, algunos irreversibles, en las características ambientales. Las nuevas condiciones son negativas para nosotros: aumento de la radiación ultravioleta, sequía, contaminación, etc. para la naturaleza también. Pero ella tiene miles de años para adaptarse.

Tal cual se mencionara en la edición latinoamericana del informe “GEO 2000 – Perspectivas del Medio Ambiente”,  elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA):

“Las dos causas principales de principales de la degradación ambiental en el mundo son la pobreza persistente de la mayoría de los habitantes del planeta y el consumo excesivo por parte de la minoría. En los países de América Latina y el Caribe -al igual que en otras regiones similares del mundo existe un conjunto de presiones socioeconómicas similares que afectan el ambiente: la pobreza y la desigualdad de ingresos están entre las más graves” (PNUMA, 2000: 9)[1].

Podemos concluir entonces que la crisis ambiental es percibida como “una crisis socialmente provocada”, con lo cual su solución también deberá ser socialmente espoleada, transformando su discusión en un problema socio-cultural y político por excelencia.  ®

“Yo también hablo de la vuelta a la Naturaleza; aunque esa vuelta no significa ir hacia atrás, sino hacia delante.”Nietzsche

Por Maricé Espínola Méndez

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BIBLIOGRAFÍA ARNOLD, D., “La naturaleza como problema histórico: el medio, la cultura y la expansión de Europa”, FCE, México 2000. AYALA, F.J., ESCALANTE, A., O’HUIGIN, C. Y KLEIN, J., “Molecular genetics of speciation and human origins”, en Proc.Nat.Ac.Sci., 91, 1994, pp. 6787-6794. CARSON, R., “Silent spring”, Houghton Mifflin. Boston, 1962. CASTRO HERRERA, G. (2002) “Naturaleza, sociedad e historia en América Latina”, en Ecologías política, naturaleza sociedad y utopía. GONZALEZ DE MOLINA, M. y MARTINEZ ALIER,J. (eds.) (1993) «Historia y Ecología, Ayer”, no. 11. MARGALEF, R., “Teoría de los sistemas ecológicos”, Publicacions de la Universitat de Barcelona, 1993. MARSH, G.P., “The earth as modified by human actions”, Nueva York, 1974. SIMMONS, I.G., “Changing the face of the earth”, Blackwell, Oxford, 1989. WORSTER, D. (2000) “Introd., Caps. I y II”, en Transformaciones de la Tierra. Una antología mínima de Donald Worster. ZARRILLI, A., “Ambiente, sociedad y naturaleza. Entre la teoría social y la historia”, Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes (En co-autoría con Guido Galafassi), mayo de 2002. Cap. II.


[1] La edición en línea del informe general puede obtenerse en www.grida.no/geo2000.
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